SOBRE EL MODELO DE ORGANIZACIÓN PARA ORGANIZAR LA LUCHA ESTUDIANTIL CONTRA BOLONIA EN EL PRÓXIMO CICLO DE IMPLANTACIÓN 2009-2010
R. XPECTRVM
En el debate sobre qué hacer para el año que viene, se han planteado distintas proposiciones. Entre ellas, figura aquélla, tan popularizada por ciertas organizaciones y sectores de discurso vanguardista, de “funcionar como organización permanente”.
Organizaciones ultraizquierdistas (centradas en ganar a una pequeña vanguardia estudiantil a la participación en los nuevos movimientos sociales) y reformistas (que defienden como prioridad la participación a través de las instituciones del Estado) se dan la mano al unísono en la idea de que es necesario constituirse como una “organización permanente”, sobre la base de los actuales Grupos de Trabajo.
Veamos qué hay detrás de esto y qué consecuencias tendría.
¿Qué es una organización permanente?
Una organización permanente, ya sea de tipo sindical o político, es aquélla que trata de organizar a personas, de forma estable, para desempeñar un determinado tipo de labor, en base a unas normas de funcionamiento básicas y a unos principios, ya sean políticos, sindicales, u organizativos.
En el caso de una organización sindical, es aquélla que trataría de representar los intereses de un determinado sector de la sociedad, ya sea la clase trabajadora, a sectores profesionales, o al estudiantado, allí donde se vean atacados o amenazados.
Pero lo que define a una organización sindical no es lo que dice sobre el papel, ni lo que cuenta, sino el tipo de intereses que defiende con sus acciones diarias. Éstos vienen determinados, por el tipo de gente que participa en ella, o lo que es lo mismo, por su base social.
La base social de una organización
En una sociedad dividida en clases sociales, en la que todos tenemos los mismos derechos sobre el papel, pero depende de nuestra posición económica el que gocemos de ellos o no en la práctica, no todos compartimos los mismos intereses. Bolonia no afecta a todos por igual. Afecta de forma muy diferente al hijo de trabajador, o aquél que tiene que trabajar para financiar sus propios estudios, en relación al hijo de un empresario, al hijo de un alto funcionario, o al que aspira a adquirir privilegios a raíz de su colaboración con determinados cargos institucionales.
El qué papel, y qué intereses represente una organización permanente, de tipo sindical, dependerá en gran medida de qué tipo de gente, y qué clase social participe en ella. Una organización de la mayoría de los estudiantes, representará mejor los intereses comunes de los estudiantes, que una organización de una minoría de los estudiantes, no importa lo dignas que sean sus intenciones.
Es utópico pensar con que mañana, una amplia mayoría del estudiante universitario medio llegará a organizarse en una organización de tipo sindical, dado el alto nivel de despolitización, y la falta de homogeneidad y conciencia de clase existente dentro del estudiantado. Son diferentes motivos los que conducen a unos y otros a estudiar, así como diferentes los fines, y diferente su posición económica, y sus aspiraciones.
Pero nos basta decir que necesitamos contar con la participación, en dicha organización, de un importante sector del estudiantado medio (que en su mayoría, dispone de limitados recursos), para poder decir que esa organización representa sus intereses.
Y no nos prestemos a engaños. Casi ninguno de nosotros somos lo suficientemente representativos de la realidad del estudiante medio, de sus problemas, y preocupaciones.
La mayoría de nosotros somos estudiantes bastante atípicos, con una serie de inquietudes, de preocupaciones, y un nivel de conciencia social y política muy por encima de las de la media, para estar dando una parte de todo nuestro tiempo (aún a riesgo de vernos perjudicados en las calificaciones) por una lucha que es a medio plazo, y cuyos resultados, probablemente, hay muchos de nosotros que no vamos a poder disfrutar, pues ya habremos concluido nuestros estudios para cuando se presenten.
Tampoco es seguro que vayamos a conseguir la victoria. Probablemente tan sólo conquistas parciales. Pero es una lucha de todo o nada. Si no vamos por todo, difícilmente lograremos conseguir nada.
Pero una cosa tenemos claro: para ganar esta lucha, necesitamos movilizar al estudiantado medio, del que la mayoría de nosotros no somos representativos. Es ilusorio, por tanto, pensar que vamos a ganarlo a la lucha a partir de unas reivindicaciones que parten de un nivel de conciencia política y social bastante alto. Tenemos, por el contrario, que ganarlo en torno a sus propias reinvindicaciones, problemas y demandas.
Quién mejor conoce los problemas del estudiante medio, es el propio estudiante medio. Él sabe mejor que nadie cómo se ve afectado por esta reforma, cómo le está afectando, y lo que demanda. Nuestra función no es otra que recoger sus demandas, y situarlas en orden.
Es en torno a estas reivindicaciones que el estudiante medio se movilizará, y luchará contra este problema. Y lo hará con sus propios medios.
Y el único tipo de órgano en que el estudiante medio es capaz ahora mismo de organizarse, por luchas concretas, enmarcadas en una problemática general (la de la reforma), y participar en la toma de decisiones, es a través de las Asambleas de base. No en un sindicato.
Qué condiciones son necesarias para crear una organización permanente
Contad el nivel de tiempo y de compromiso que requiere venir y participar 2 ó 3 horas en una asamblea, una vez cada cierto tiempo (en función de la falta que haga), y ahora imaginad el que requeriría formar parte de una organización permanente, en la que además hay que cotizar, participar de forma periódica, en reuniones, actividades, piquetes...
El nivel de gente capaz de hacer lo primero, os dará el nivel de gente, siempre menor, capaz de hacer lo segundo.
Construir una organización sindical no sólo depende de la voluntad de aquéllas personas que se proponen iniciar el proyecto, sino de las condiciones dadas: del nivel de conciencia, de implicación, y de ganas de participar y luchar de la gente por sus problemas, de lo cual son un excelente termómetro las Asambleas.
Para que exista una organización sindical, tiene que haber lucha. Y la gente normal, no lucha por aburrimiento, sino porque tiene razones de peso para luchar. Nuestra agitación puede ayudarles a adquirir más conciencia sobre sus razones, a ponerle cara a los problemas que sufren, pero debe basarse en problemas reales que ellos padezcan y estén sufriendo a diario, en razones de peso que puedan ver, y no en menudeces.
Nuestra prensa, un medio para entroncar con el estudiante medio
Estos problemas, estas reivindicaciones, no las podemos inventar nosotros reuniéndonos en una sala, unos cuántos, sino estando con la gente, hablando a diario con ellos y compartiendo sus mismos problemas, y preguntándoles. A raíz de lo cual podremos dar forma a sus reivindicaciones, basadas en sus problemas. A raíz de lo cual nos escucharán. Y darán el siguiente paso, que es participar en algún tipo de lucha, ayudándonos en tareas o desempeñando un determinado trabajo, reuniéndose en comisiones por cursos, junto con nosotros, o viniendo más a las Asambleas. El siguiente paso, es tomarse el tiempo para asistir, periódicamente a los Grupos de Trabajo, que, no lo olvidemos, son comisiones especializadas de las Asambleas, y desempeñar allí un trabajo activo, organizativo y constante.
La mejor manera de comprometer, de implicar a la gente, es dándoles pie de que participen, de forma periódica, en la redacción de octavillas, y de panfletos, donde se informe y donde se recojan aquellos problemas que los estudiantes están viviendo a diario. Esto es fundamental. El estudiante medio es quien debe escribir sobre sus problemas. Nosotros ahí les echamos un cable, ponemos los medios, pero no hablamos de nada que ellos no nos confirmen que sufran.
Nosotros tan sólo le damos nombre. Le damos cara, enmarcándolo en el contexto global de lo que es Bolonia: una reforma que se plantea harmonizar la Universidad conforme a los intereses de las empresas privadas, y que la impulsan los diferentes gobiernos (a través de leyes que son derogables, como la LOU y los Decretos).
Sobre la base de sus problemas diarios, debemos tratar de elevar el nivel general de conciencia del estudiante, sobre lo que es Bolonia. Debemos tratar de que participe en la redacción de los medios de prensa, y ganarlo a una lucha diaria contra la reforma.
Cuando el nivel de interés general, de conciencia del estudiantado crezca, en base a problemas reales, y en base a un trabajo de agitación y de propaganda periódico, que puede aumentar y desarrollar el nivel de conciencia e interés general, y esto todos los días, de forma constante, periódico, a través de panfletos, a través de octavillas, de boletines, de nuestros propios órganos de prensa, veremos a mucha más gente participar en las Asambleas.
Sólo cuando no tengamos problema para llenar nuestras Asambleas de Estudiantes, aún por encima del nivel exigido por este grotesco Reglamento General de Estudiantes impuesto desde los resortes institucionales, sólo cuando el reunir a tantísima gente en un aula no nos suponga un problema, y figure perfectamente dentro de nuestras posibilidades, sin suponernos, por ello, un previo esfuerzo de difusión sobrehumano, sólo cuando no sea un problema conseguir convocar a miles de personas para cualquier manifestación de estudiantes, ante un nuevo ataque contra la enseñanza, nos encontraremos, ante la base social suficiente para emprender la vertebración de una organización permanente, o de un sindicato.
Sobre una base real, sobre una amplia participación, y la lucha, del estudiante medio, un sindicato nos va a dar un poder organizativo del que hasta ahora no disponíamos los estudiantes, desconocido, para nosotros.
El sindicato, una herramienta para defender las luchas del estudiante hijo de trabajador contra la empresa privada en el medio universitario
En la Universidad moderna, masificada de hoy día, el estudiante promedio es, en su mayoría, hijo de trabajadores. Éste ha sido uno de nuestros principales caballos de batalla en la lucha contra Bolonia: “el hijo del obrero a la Universidad”.
Las condiciones para la proliferación, de modo casi natural, para este tipo de organización las viene creando el modelo de universidad que viene desarrollándose con Bolonia, basado en la empresa privada, y en decisiones que impone una patronal, desde arriba, apoyada por los gobiernos y juntas rectoras; una patronal cuyos intereses, ya lo hemos visto, entran en contradicción con el interés común del estudiantado medio. Semejante contradicción, sumada a un adecuado trabajo de agitación y de propaganda por parte nuestra, siempre basado en los problemas reales que el estudiante medio padece, contribuirá enormemente a elevar la conciencia de clase del estudiante más afectado por la reforma.
Un auténtico sindicato, debe basarse los intereses de aquel sector más perjudicado, que es el estudiante hijo de trabajadores, procedente en una gran parte de barrios obreros, de medios rurales o de la ciudad dormitorio, así como citadinos de pocos recursos que tienen que compaginar sus estudios con eventuales trabajos precarios. Estos son los sectores peormente afectados por la reforma, con más motivos para oponerse a la misma.
Con la mente puesta antes que todo en ese sector (el estudiante de pocos recursos, hijo de obrero, que es mayoría) es que debemos centrar las demandas con que le daríamos contenido a semejante organización sindical.
Todavía no existen las bases, como insistí más arriba, para una organización sindical de este tipo, en la medida en que el estudiante medio, no sufre aún los ejes centrales de la reforma... Cuánto más implantada esté la reforma, en su dinámica empresarial, mayores las condiciones para una organización de este tipo.
QUÉ CLASE DE ORGANIZACIÓN NO HAY QUE CONSTRUIR
A continuación expondré qué ejemplos de organización no debemos, bajo ningún concepto, intentar construir, si no queremos quedarnos aislados (sin poder hacer nada).
Considero que es un suicidio para el movimiento sustituir las asambleas y organizaciones de base por una Delegación afín (como propone S. “Patatín”), allí donde exista. Al ejemplo de Filología me remito, donde el Grupo de Trabajo ha ido siendo sustituido por las reuniones de Delegados, y las decisiones importantes han ido pasando de la Asamblea de Facultad a Delegación, adquiriendo las Asambleas un papel cada vez más informativo, con poco margen para la toma de decisiones y de menor interés.
A raíz de todo esto, el interés del grueso de los estudiantes ha ido disminuyendo, y la participación en las Asambleas de Estudiantes ha ido decayendo hasta no venir casi nadie, y el GdT, que ha dejado de convocarse, ha ido cayendo en el anonimato hasta enterarse de las convocatorias sólo los Delegados y convertirse en poco menos que una formalidad.
La puesta en vigor del Reglamento no ha hecho más que agravar esta situación, en tanto las Asambleas, en la mayoría de los casos, se vuelven virtualmente inexistentes, a efectos legales. Con ello pierden, en la mayoría de los casos, el mandato asambleario, la herramienta legal de la huelga, y pasan a la clandestinidad.
Esto podía haberse evitado, a su debido tiempo, con un adecuado trabajo de propaganda, y agitativo, en las aulas, llamando a la huelga. Pero para ello, es necesario también una mayor implantación en los cursos, que no tenemos. Ésta, no se consigue aislándonos, ni tomando decisiones por los demás.
Sin una base social lo suficiente amplia, bien entroncada en el estudiante medio, la organización permanente corre el riesgo de terminar separándose de las Asambleas, y convertirse en una especie de pseudo-partido, pero sin un programa claro, endogámico y con poco contacto con la realidad. Esto no sería sino un paso más en la dinámica que a finales de este último curso han ido desarrollando los Grupos de Trabajo.
Éstos se formaron como comisiones de las Asambleas de Estudiantes encargadas de estudiarse e informar sobre la reforma y sus sucesivos Decretos. Nunca tomaban decisiones de peso sin consultar con el resto de la Asamblea. Por ejemplo, para obtener el rechazo del estudiantado a un Decreto, o para convocar una manifestación, se pasaba por Asamblea.
El no hacer esto, ya vemos que no nos ha ayudado a ganar más peso.
En aquellas Facultades donde los Grupos de Trabajo aún no existían, iba gente de otras facultades, contando con el apoyo de gente de la propia facultad concienciada por la causa, a buscar el apoyo en sus Asambleas, a informar, a ganarlas al "NO", y a pedir la convocatoria de GdTs.
Allí donde el control de ciertas Delegaciones, hostiles al "No a Bolonia", era demasiado fuerte, ejercían demasiado control sobre las Asambleas, monopolizando y censurando los turnos desde la mesa como "moderador" y llegando a boicotear algunas de nuestras intervenciones, hubo que formarlos por separado; pero nunca gozaron de cierto apoyo.
Cuando de algún modo, la gente ha ido perdiendo interés, o se ha ido sintiendo desligada de nuestro movimiento, y no hemos sabido o conseguido buscar los resortes para renovar la conciencia y el interés, buscar la implicación del alumno, combatir la desinformación... y nos hemos ido viendo separados de la gente, ha habido dos actitudes: una que insiste, a sabiendas de que poco se puede hacer cuando uno se separa de la masa estudiantil, y otra que, conformándose en su propio aislamiento, ha seguido actuando por cuenta propia.
Muchas de las convocatorias llevadas a cabo de forma unilateral por una minoría, en los momentos de mayor declive de los GdT (y, por qué no decirlo, también de las Asamblea), sin una consulta previa con la base estudiantil, han respondido a las motivaciones de este segundo sector. Un buen ejemplo de ello han sido la mayoría de Encierros a la Japonesa, y la última manifestación.
De alguna forma se han ido invirtiendo los roles.
Antes el peso del rechazo al "Plan Bolonia" lo llevaba la Asamblea, y el estudiante medio en aquellos cursos más movilizados, como los primeros. Ahora se lo arroga una selecta vanguardia constituida en Grupos de Trabajo, que no se renueva, y aun continúa perdiendo apoyo entre los suyos.
Son vanguardias desarticuladas de todo movimiento real de los estudiantes, separadas de toda vinculación real con el estudiante medio, más allá de lo meramente basado en formalidades.
No contentos con esto, algunos proponen proclamar estos grupos minoritarios como "sindicatos del movimiento" No a Bolonia, cristalizando aún más la organización, convirtiendo lo que es ya un "partido de facto", en partido oficial, con la venia de las instituciones.
¿Cuál será el próximo paso, presentarse a las elecciones municipales? ¿Sentarse en mesas de negociación con la Junta Rectora a decidir acuerdos en nombre del resto, sin tener contacto real con la mayoría? ¿O que nos subvencione el gobierno?
El tema de plantearse aceptar subvenciones desde el Estado (según nos comenta Carlos V.), merece una reflexión seria.
Si algo llevamos visto, en un año de lucha contra esta reforma, es el carácter antidemocrático de las actuales instituciones del Estado, y los intereses privados que representan, con independencia de qué gobierno o entidad ocupa sus cargos, así como los métodos burocráticos por medio de los cuales se valen para defenderlo. Contra el boicot a estos intereses, desde sus propias instituciones, el Estado tiene una tesis sencilla: aprovechar la ley, o la trampa, en su beneficio, o inventarse otra, recurrir al chantaje, a golpes de mano, y a medidas de represión simbólica o física, y cómo no, a la calumnia. Por eso se necesita de un fuerte apoyo social desde la base para que funcione.
De candidaturas como la última promovida por la FE-JONS para el claustro, patrocinada por el Rector, podemos esperar un apoyo estrecho por parte de las instituciones competentes del Estado, que los necesita como último recurso ante nuevas revueltas estudiantiles... ¿Pero viniendo de los "No a Bolonia", los que se enfrentan a una política de Estado que ha sido impulsada por todos y cada uno de los gobiernos y consejos de ministros europeos, y por todos los grandes medios de prensa y el capital privado, qué clase de apoyo institucional nos cabe esperar, que no lleve trampa (entiéndase, que no esté condicionado)?